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¿Por qué no existe en la República Dominicana una política cultural? Aceptando que en el país no existen políticas para muchos aspectos de la vida en una nación pequeña de una isla dividida en dos partes, el caso específico de la Cultura es sumamente lamentable. Sobre todo porque habitamos un país lleno de creatividad, de arte, de música, y de cierto nacionalismo que a veces nos enorgullece y otras nos avergüenza. A mediados del siglo XX, cuando se pensaba que todos los ritmos musicales ya existían y era muy improbable que surgieran otros nuevos, el pueblo dominicano creó espontáneamente un ritmo que se convirtió rápidamente en universal, llamado “bachata”, un ritmo tropical y caribeño; cuando creíamos que nadie en el mundo leía poesía, en el país habita una cantidad formidable de escritores que se dedican exclusivamente a este género literario; cuando vivimos una crisis lectorial, propiciada por la competencia de los medios audiovisuales, sobre todo digitales, un gran número de dominicanos, en su país y en el extranjero, pero en estos momentos más bien en el extranjero, han decidido dedicarse a escribir. En la República Dominicana no existen planes de incentivo a la lectura, ni hay planes de formación de artistas, no hay planes estatales para incentivar las artes en los medios de comunicación, no hay planes para promocionar las artes nacionales en el resto del mundo, no aparecen escritores nacionales en las ferias del libro, no hay artistas dominicanos en las bienales de arte, ni en los festivales de teatro, ni en los festivales de poesía, ni en los festivales de música. Ha dado resultado, con creces, es una ley de cine que fue aprobada hace algunos años, y que se ha luchado para que permanezca tal como está, ante los intentos de modificarla su alcance y contenido.

Pintura-Jose-Garcia-Cordero
pintura de José García Cordero

 

Y sin embargo, de esa nada, aparece un grupo nutrido de personas que se siguen dedicando a las artes, que tratan de promocionarse individual o colectivamente, aunque ese esfuerzo conlleve un sacrificio personal considerable. El arte dominicano tan único, tan original, tan diferente, como una bachata, un atabal, una salve, una mangulina, un hip hop o un dembow caribeño.

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