Los tres óscares de Roma, de Alfonso Cuarón:

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“Roma” es una película del director mexicano Alfonso Cuarón del año 2018, financiada por la cadena Netflix y que ha dado vueltas por varios festivales de cine, obteniendo premios en la mayoría de ellos. Roma es el nombre de la colonia (“barrio”, le decimos nosotros) en la cual nació y creció el director, y que casualmente tiene el mismo nombre de “Roma, Ciudad Abierta”, la película de Roberto Rosellini que inició el neorrealismo italiano en el año 1945. Debido a esta coincidencia, feliz o infeliz, en realidad no lo sé, al parecer el director decidió darle un aspecto neorrealista a su película. Pero para hacerlo se ha gastado millones de dólares patrocinados por Netflix, mientras que el neorrealismo italiano utilizaba ese estilo documental y esos actores sacados de la vida real no sólo como técnica cinematográfica (como innovación cinematográfica, además), sino debido a que no podían pagar actores profesionales, y porque el celuloide era difícil de conseguir en la Italia aún sumida en la Segunda Guerra Mundial. Se utilizaba luz natural para la fotografía y escenarios naturales porque no había dinero para las escenografías ni para la iluminación artificial. Todo ello ha sido calcado por el director mexicano gracias a un gran presupuesto norteamericano, lo cual no es malo, es decir, que el dinero provenga de Norteamérica. Además, la película fue filmada a blanco y negro, lo cual afianza la percepción en el público de su estilo “neorrealista”, aunque la cinta sucede en la década del 70 de la ciudad de México, cuando el mundo mediático era, ya, a color.

La película ha despertado cierto grado de nacionalismo entre los espectadores mexicanos, que ven en ella un pedazo de su geografía y de su historia. Protagonizada por una doméstica indígena mexicana, da la impresión superficial de que se coloca de parte de la trabajadora de la casa, la figura central en el guión. Pero en realidad no es así.

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La cinta es un portento artesanal. Es visualmente impecable, como sucede con todas las películas de Cuarón. La fotografía, del propio director; el movimiento de la cámara; incluso las actuaciones, teniendo en cuenta que la protagonista, Yalitza Aparicio, no es una actriz profesional, era maestra de escuela antes de hacer el casting para esta cinta; todo se encuentra a un nivel más que superior. Otros personajes secundarios también son actores no profesionales. Es difícil contar la historia de la película, porque no narra una historia clara. En realidad la tiene, pero es una historia débil, floja, ligera. Cuenta la estadía de la familia en la colonia Roma; el amor de la doméstica por la casa y la familia para la cual trabaja, sobre todo por los niños; cuenta algunas situaciones que ocurrieron en el México de la época, y que conocen mejor los espectadores mexicanos. Pero la película se pierde en la nostalgia. Es evidente que el tema principal de la cinta es el problema clasial, la condición de oprimida de la doméstica protagonista. Pero el director nunca detiene su cámara para que la familia, a la cual él pertenece, se dé cuenta de la situación de su trabajadora. La joven tiene una confusión clasial severa, puesto que no es consciente de su condición, y al director no le interesa reparar en ello, es decir, hacer una crítica de lo que sucede. No puede, puesto que él es uno de los niños a los que ella cuida con tanto ahínco, pero también porque no le importa. El director nunca repara en lo que muchos espectadores y algunos críticos ya se han dado cuenta: esa mujer trabajadora vive una vida vacía para una familia que no es la suya, para unos hijos que no son suyos, sin ninguna posibilidad de salir de su pobreza (y sin que la familia la ayude, tampoco), pero ella misma no se da cuenta. Para el director, la doméstica fue la mujer más feliz del mundo mientras trabajó con ellos, puesto que esa familia no le falta al respeto, la trata por lo menos como un ser humano. Lo cual no hace más que transmitir indirectamente las diferencias en las cuales el guión superficial de la película no profundiza: aunque la traten como a un ser humano, aunque haya caído en una casa “buena” con una familia “buena”, la doméstica, una india que cuida niños blancos, es una mujer oprimida socialmente que no está consciente de su confusión debido a que esta no es la vida real, sino una cinta del director Alfonso Cuarón, que decidió que fuese de esa manera.

La película es superficial, como las demás películas de Cuarón. “Y tu mamá también”, “Gravity”, son películas muy bien hechas, visualmente apabullantes, sobre todo la segunda, pero son cintas superficiales. Técnicamente impecables, pero no dicen absolutamente nada. Como no soy mexicano (el nombre de este portal da cuenta de mi nacionalidad), no corro el riesgo de ser linchado por los defensores incondicionales de una película que recoge las diferencias raciales y clasiales dentro de una casa en una colonia mexicana, y no repara en ellas, les pasa por encima, así como vuela la cámara por la casa y por las calles de la ciudad de México. Dice Alfonso Cuarón, luego de haberse ganado los tres óscares de la película, en medio de una ceremonia vacía, aburrida, injusta y sin ningún sentido, que es en lo que se va convirtiendo todo lo que nos llega desde los Estados Unidos: “Quiero dar las gracias a la Academia por reconocer a una película que se centra en una mujer indígena, una de las 70 millones de trabajadoras domésticas en el mundo sin derechos, un personaje que históricamente ha sido relegado a estar de fondo en el cine. Como artistas, nuestro trabajo es mirar donde otros no lo hacen. Esta responsabilidad se vuelve mucho más importante en tiempos en los que nos animan a mirar para otro lado”. Lo que él dice está muy bien, incluso lo compartimos, pero eso no se refleja en ningún momento en su película. Si quería que empezaran a considerarse los derechos de su mujer trabajadora indígena, debió decirlo a través de su película, y no con palabras venidas desde la mercadotecnia en una ceremonia de premios vacíos, tratando de suavizar con su discurso de aceptación las principales críticas que se le han hecho al filme: que es clasista y es superficial.

Realmente, la película es aburrida y no tiene historia. O más bien, su historia es ligera y trivial. “Inland Empire”, de David Lynch, no cuenta ninguna historia, pero es una joya que nunca ganó un Oscar. Sin embargo, al ver “Roma”, lo cual es, precisamente, lo funesto, sabemos que hay otra historia mucho más profunda dentro de este envoltorio que ha creado Alfonso Cuarón. Cuando vemos “Roma, Ciudad Abierta”, ese portento de emociones y de vitalidad, realizada sin dinero, sin recursos, incluso sin celuloide, nos damos cuenta cuál es la diferencia entre una obra maestra y una buena película que destrozará el tiempo, en una época en la que se le puede entregar un Oscar a la mejor película del año a “Green Book”, que es peor película que “Roma”, pero que tiene a un negro que es un músico culto (además homosexual, la película no podía perder jamás), y a un chofer pobre que es blanco. Es la época de la inclusión y de la corrección política, no de la calidad. Y esta fue la época que nos tocó vivir, lamentablemente.

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