YORYITO MOREL Y SU PASIÓN CROMÁTICA.

Por Braulio Rodríguez

 

En los paisajes de Yoryito Morel abundan coincidencias del destino, del entramado que surge de una mano protectora que deslumbra y además guía la de un alumno e hijo que tendrá la responsabilidad de seguir unas huellas que marcan el inicio del arte pictórico dominicano. Ser hijo de Yoryi Morel constituye un privilegio enorme y un gigantesco peso por la incidencia que dejó en el arte dominicano.

No obstante sus pasiones primigenias bañadas de la ternura infinita de su padre, éste lo induce a buscar en la experimentación de formas y contenidos la creatividad que fascina y a la vez intimida por la conexión que se requiere para lograr ese toque divino de la originalidad, la personalidad pictórica y la autenticidad que lo identifica. Han sido años de sueños, de búsqueda en un camino en donde ser pionero es tan difícil como ser un genio de la ciencia.

¿Qué distingue a Picasso y a Einstein? ¡Su creatividad! Uno en la búsqueda de las formas y el desdibujo, y el otro rompiendo esquemas dados por ciertos durante siglos. Ambos son referentes de creatividad e innovación y ambos son difíciles de igualar.

En ese contexto se mueven nuestros pintores y seguidores de la ciencia, dejar una huella que quede en el tiempo y rompa barreras, dejar un legado que permita que su memoria quede en la conciencia colectiva y que su arte perdure.

En conversaciones y peñas interminables con Yoryito, al abordar el tema de la creatividad, coincidimos en que ser un referente en este difícil camino de la plástica resulta más empinado que en la ciencia y en estas sociedades mucho menos valorado aun cuando sabemos lo lastimoso que resulta dejar flotar las pasiones internas que hacen que el pintor se exprese por medio de la magia de los colores.
Buscar la expresión que lo distinga y lo haga poseedor de unos trazos con su sello ha sido la labor incansable de nuestro amigo, hurgar en una soledad y unos sueños que se pierden en el tiempo para que las musas allanen el camino para trillar su propia senda sin dejar atrás la escuela pictórica de Santiago iniciada por su padre, ha sido un logro que sus amigos celebramos.

yoryito morel

En esta ronda de una tarde cualquiera, Yoryito, usando acrílico mixto y en formatos de 24 pulgadas por 30 y en 30 pulgadas por 40, nos trae una singularidad exquisita cuando fruto de sus años experimentando se encuentra con unas formas que inspiran novedad y apego a la tradición cibaeña que tan profundo llevamos en nuestras venas.

Siendo fiel al legado de estos lares introduce unas líneas que asemejan triángulos truncados con unos bellos trazos que demuestran maestría y que a su vez no lo colocan dentro del cubismo. Con brocha gorda y trazos bellos y al combinarlo con pinceles y en formatos llamativos, se hace la luz para hacer desfilar un conjunto de obras con un legado que nos llena de orgullo.

Lograr este importante acontecimiento da a las obras de Yoryito un carácter peculiar con un lenguaje que presenta la idiosincrasia de nuestro pueblo desde una óptica de planos bidimensionales atrayentes que reflejan nuestro sol caribeño, la riqueza de la luz que baña los espacios y transmite un verdor tropical propio de este Caribe Insular.

Suprimir ciertos efectos de la luz conlleva a un gran esfuerzo creativo en el plano de dos dimensiones y denota una maestría cautivante en unos episodios que evocan situaciones oníricas locales con experimentaciones fruto de su denuedo y amor por las artes plásticas. Esta singularidad realza la propuesta del maestro.

Los lienzos transmiten costumbrismo, con combinaciones cromáticas llamativas y trabajados con pasión evocan unas tradiciones que se pierden ante una avasallante sociedad de consumo donde vale más el tener que el ser.

Un campesino cansado con una carga sobre sus hombros y una mirada perdida en la madre tierra y una ciudad solitaria es un contraste interesante, con la altivez de la marchanta que resuelta y pelo al aire busca el sustento diario. ¿Acaso nos quiere dejar dicho el pintor la simbiosis social de la actualidad matizada por el rol cada vez más importante de la mujer dominicana?

Los coches tan santiagueros expresan con sus colores vivos un propósito que podría evidenciar las pasiones íntimas del pintor, y otras emociones que nos atan cuando disfrutamos de una soledad en medio de la compañía. El framboyán asentado sobre líneas que asemejan cuadrículas dan una sensación de una enorme red que atrapa uno de nuestros símbolos de la flora santiaguera. Los trabajos abstractos son fruto de la experimentación y de la madurez del creador que con algunas formas bien definidas pueden identificar una etapa emotiva y filosófica del mismo.

El accionar pictórico del maestro está matizado por una profunda búsqueda de un espacio dentro del costumbrismo y de la Escuela de Santiago, da seguimiento a las huellas del padre de la pintura dominicana, denota fidelidad y seguimiento y sin embargo busca su sello personal, su identidad artística.

Las piezas denotan las manos de un pintor curtido de la plástica y reflejan el inmenso amor por un Santiago que se esfuerza por mantener vivas sus tradiciones aun cuando uno sienta que se escapan ante las miradas indiferentes de quienes deben proteger a los artistas plásticos y la cultura dominicana.

Sentir que la memoria de Mario Grullón, Guillo Pérez, Príamo Morel, Tomás Morel, Jacinto Domínguez, Claudio Pacheco, Hilario Rodríguez y el padre de Yoryito tienen continuadores que aman su trabajo y tratan de innovarlo, es un signo alentador que nos llena de satisfacción y constituye un reto para que la cultura y los creadores de imágenes reciban el apoyo tan justo y deseado.

De muchos es conocido que Santiago, Moca, Puerto Plata, Montecristy…. El Cibao tiene voces propias que se alzan en el horizonte de la isla, y la alegría de los paisajes ha sido tan bien manejado por nuestros pintores que nos da un toque de universalidad.

La marchanta, el coche, el framboyán perenne en nuestras calles, el bohío, el mulataje y el símbolo de Santiago, el monumento, desfilan por nuestros ojos dejando una estela de nostalgia de la tradición cibaeña, con una viveza cromática increíble y unos arranques impresionistas y una innovación de las formas que hacen del lenguaje pictórico de Yoryito un punto de partida interesante y que nos compromete a explorarlo y a difundirlo por el contenido, la forma y las emociones que el maestro trata de transmitir en estos hermosos partos luminosos que en calidad cromática y unidad compositiva dejan el asombro fijo.

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