Cuentos del Taller de Narradores de Santiago:

SEMBLANZA DEL TALLER DE NARRADORES DE SANTIAGO

         El Taller de Narradores de Santiago se fundó hace más de veinte años en los salones de Casa de Arte. Yo trabajaba como editor de video en el canal de televisión TeleUnión, y allá me reuní con Ubaldo Rosario para plantearle la idea de crear un grupo que se encontrara semanalmente, pero cuyas intenciones no fueran poéticas sino narrativas, puesto que ambos éramos narradores y todos los talleres de la ciudad estaban dirigidos a la poesía. La semana siguiente nos reunimos él, Andrés Acevedo y yo. Todavía el taller no tenía este nombre. Una semana después llegaron Puro Tejada y El Ruso, y Puro propuso el nombre, que es el que se ha quedado. Empezaron a llegar más miembros; efímeros, muchos, y otros que nos acompañan desde el principio. Ha habido escisiones, desmembramientos, diferencias, pero nos mueve un fin primordial, por encima de cualquier egoísmo personal o necesidad de notoriedad: la literatura. Nos reunimos cada sábado, sino es día feriado. Del Taller han salido varios nombres ya conocidos en las letras nacionales, o que empiezan a darse a conocer (es notable que algunos de los más importantes sean femeninos): nuestra gran amiga Rosa Silverio, que ahora vive y hace gestión cultural en España; Luis Córdova; Altagracia Pérez, que se casó y se marchó con su marido a Eslovaquia; Sandra Tavárez; Johanna Díaz; Ubaldo Rosario; Ramón Gil; Víctor Estrella, ya fallecido, que fue de los últimos en llegar y al mismo tiempo fue uno de los integrantes más fieles; Sandy Valerio; Israel; Nelson Julio Minaya, también fallecido, etc. Nombres que se escapan, escritores de otros países que han vivido en Santiago y han asistido regularmente al taller, escritores dominicanos que asistían al taller pero que ya no están en la República Dominicana. La anterior fiscal del Distrito Nacional, Jenny Berenice Reynoso, periodistas como Mercedes Guzmán, escritores en ciernes que se han marchado a Nueva York y se los ha tragado la ciudad… porque cada participante, si aún no lo sabe, continúa siendo miembro por los siglos de los siglos, aunque ya no asista a un grupo que se prestigia con esos nombres, no al contrario.
         Hemos recibido a don Virgilio Díaz Grullón, a José Acosta, Pedro Valdez, Emelda Ramos, Avelino Stanley, Manuel Llibre, Nan Chevalier, algunos escritores han participado un solo sábado y no han regresado más. Españoles como José Sánchez del Viejo, que pertenece al taller cuando se encuentra en el país, así como los venezolanos-canadienses Iris y Alfredo Milano. Una semana llegó una pareja de evangélicos que, luego del análisis de la novela “la Virgen de los Sicarios”, del colombiano Fernando Vallejo, y de ver la película basada en la novela, no volvió más. Nos han visitado miembros del DNI, escritores de novelas de vampiros y autores de libros de autoayuda. Sin esa apertura tan total, seguramente el taller hubiese desaparecido.
         Hemos publicado tres libros, conteniendo trabajos de los miembros: ¨Para Matar la Soledad¨, ¨Y Este Era El Principio¨, “Caleidoscopio”. Son libros desiguales, por supuesto, al lector le toca juzgar la calidad de los diferentes textos, no a nosotros, que solamente mostramos los trabajos de los miembros. Exponerse es una de las condiciones más difíciles que se le exige a un artista, pero lamentablemente se escribe para los demás. Hay un taller en la capital que se llama “Taller de Narradores de Santo Domingo”, en honor al nuestro.
         Hemos recibido diferentes reconocimientos. Los más recientes han sido el del “II Festival Nacional de Narrativa” en San Francisco de Macorís, y el reconocimiento ¨Dionisio López Cabral¨ del Taller Literario Virgilio Díaz Grullón, del CURSA-UASD, pero me parece que todos esos reconocimientos se deben a la perseverancia, a la terquedad. También nos ha reconocido dos veces ya la Universidad Abierta para Adultos (UAPA), a través de su Feria del Libro, y el Taller Literario de la Cooperativa La Altagracia. En mi caso, no asisto ya regularmente al taller por motivos de trabajo, y sin embargo ha seguido funcionando. La intención nuestra (y cuando digo nuestra no estoy solamente pluralizando la primera persona, sino que me refiero a todos los miembros del taller que asisten regularmente cada sábado) es la de juntarnos cada semana y hablar de literatura, nada más. En una ciudad y en un país en el que existen tan pocos lugares para dialogar sobre arte, hemos tratado de construir un espacio. Y quizás, por esa ausencia de intenciones que no sean el amor a la literatura, el sentir un gran vacío en nuestras vidas sino hablamos sobre literatura, el taller ha sobrevivido tanto tiempo, y por eso nos premian, aunque esa tampoco sea nuestra intención: debido a la perseverancia, a la terquedad.

SANDRA TAVÁREZ

ALERTA VERDE

    Ayer conseguí el acta de nacimiento para sacar el pasaporte y el suizo me dijo que iría conmigo para solicitarlo VIP.  Él se ofreció llevarme a su país para trabajar en un salón de belleza. 

    A mí no me gusta hablar mentiras, por eso fui franca con él y le dije que yo no sabía hacer ni rolos.  Él me dijo que no importaba,  porque lo que se necesitaba era gente con deseos de trabajar. Y hasta dijo que me prestaría el dinero para el vuelo.  La verdad que ese es un buen tipo,  no como el supervisorcito nuevo que por cualquier costurita torcida le menciona a uno hasta la madre.

    Yo que quería darme ese gustazo y llegar a la fábrica en un taxi, bien maquilladita y decirle:

     -Renuncio.  Mevoy pa’ Suiza.

    La verdad yo no sé dónde está Suiza,  pero con tal de que sea lejos de esta maldita cañada.  Y así dejar el sube y baja por escalones de tierra,  y no tener que montarme en  guagua a las seis de la mañana, con ese reguero de gente sobando a una. Sabrá Dios, algunos sin bañarse.  Y después pasar el día entero con un calorazo y aguantando exigencias. 

    Total para qué,  para que Freddy cobre por mí y me dé lo que me sobre.  Por eso era que tenía deseos de sacarme un palecito para decirle: Toma tus cuartos y dame mi tarjeta. 

    Hace tanto tiempo que no voy al cajero, que ya se me olvidó la clave…

    Anoche llamé a Kathy, mi amiga,  para contarle mis planes, pero antes de empezar me preguntó qué dónde estaba.  Me sorprendió la pregunta porque eran las diez de la noche y ella sabe que a esa hora yo siempre estoy en mi casa.

          -Pero, ¿es qué no has oído las noticias? – Continuó

         Yo me acomodé en la cama y le dije:

          -Mira Kathy,  tú sabes que yo no oigo noticias, así es que dime: qué es lo que pasa.

          -Es que estamos en alerta verde– dijo con inquietud.

         -Y eso qué quiere decir – le pregunté.

         -Que va a llover mucho,  y que toda la gente que vive en cañadas o cerca de los ríos debe salir inmediatamente.  Así que arranca para mi casa, que es más segura.

         -Pero Kathy – le dije – tú sabes que aquí llueve a cada rato.  Además, en cuanto los piperitos se den cuenta de que no estoy durmiendo en mi casa, se van a meter a robar.

    Ella no quedó muy conforme, sin embargo, me entendió o pareció entenderme.  Entonces se me acabaron  los minutos  y no le pude contar lo del viaje.

    Y pensar que parecía que las cosas se iban a arreglar,  pero esta cañada tiene a una como azará. 

    Kathy me había dicho que llovería.  Lo que yo no sé es ¡de dónde diablos ha salido tanta agua!  Aunque ya no hay por qué preocuparse. Dentro de poco tiempo llegarán los de la Defensa Civil y tengo la barriga tan hinchada que pronto empezaré a flotar.

JOHANNA DÍAZ LÓPEZ

MALDICIONES

         “Maldita sea la hora en que me levanto” exclamas al despertar, el reloj no deja de sonar , lo tomas con tu mano derecha y quieres estrellarlo contra la pared o contra el suelo, hacesese ademán con fuerza casi cediendo a tu impulso, imaginas sus piezas esparcidas por toda la habitación: Agujas, esfera, cristal, resortes y hasta la pila; pero te limitas a apagarlo dejándolo en la mesita de noche, a fin de cuentas no es culpa del  “maldito reloj” que no puedas continuar tu sueño.

         Te incorporas de golpe, aún está oscuro y la cama te invita a quedarte, pero no quieres ceder a la tentación y caminas de prisa hacia la cocina sin detenerte en el baño, enciendes la luz, preparas la cafetera poniéndola en la estufa con el fuego muy alto, inmediatamente te vas a bañar, a prepararte para el día que te espera. Mientras el agua fría te recorre y gastas media barra de jabón, te preocupas por lo lejos que vives del trabajo, tomas a diario dos transportes, ya sean carros públicos o guaguas, el trayecto se hace lento, insoportable, lo peor de esta situación es que te hablaron de la imposibilidad de ascenso,  no tienes ni la forma remota de ahorrar. Dejarás ese maldito trabajo, lo juras, has depositado tu currículum  repetidas veces en los mismos lugares porque hasta has olvidado cuales son todos los sitios donde te has dirigido. La llave abierta deja correr pecaminosamente el agua, transcurren quince minutos para que al fin comiences a secarte, mientras te llega insistente el olor a café, te acuerdas de la estufa encendida y corres envuelta en la toalla para apagarla. “Ya se botó el maldito café, esta gente de aquí parece que está muerta, que no huele nada”, vociferas como si estuvieses sola en la casa, tu madre desde su habitación te suplica silencio: “¿Qué tanto maldito dormir?” contestas y te dedicas a hacer más ruido queriendo molestar. Vuelves a tu cuarto para terminar de vestirte y maquillarte, te llevas una taza de ese café que sabe a quemado y dejas la estufa sucia porque ya ha comenzado a hacerse tarde.

         El tiempo apremia, apresuras el paso, te vas como siempre sin desayunar. Un día de estos el estrés y el descuidarte tanto, te darán una maldita úlcera en la boca del estómago. Recoges la cartera, las llaves, el celular, te pones el reloj mientras te miras por enésima vez en el espejo, por poco se te queda la comida, caminas aceleradamente con paso firme y marcial, los tacones retumban con esas pisadas que acentúas en los talones, sales estrellando la puerta. La calle de tu casa fue dañada por el síndico, ahora empeora su estado ignorada por el ayuntamiento, tú sin tener culpa ni relación con la política debes gastarte los zapatos, mandarlos a remendar cada dos semanas, caminas lo suficiente antes de llegar a la primera parada, por esa calle llena de hoyos y tropezones. “¡Cuánta gente con carro y yo a pie!” murmuras  porque ya has contado como diez que pasan por tu lado con todos los asientos vacíos, sólo ocupados por sus conductores. Tu mente ha llegado mil veces a la oficina, mientras “tus malditas piernas” no responden a la velocidad de tu pensamiento, si caminaras más deprisa… ¿Qué más puedes hacer?, una polvareda levantada por los vehículos te obliga a cerrar los ojos.

         Hoy es un día peor que todos, ya has visto brillar la luna en el oeste y el sol resplandeciendo a tus espaldas, cuando esto ocurre el día es así de contradictorio, no te lo han dicho, lo has comprobado y esto te predispone. Comenzaste por tener gripe, esto ha hecho que tu cuerpo pese al levantarte, además, al momento de despertarte soñabas que estabas en una discoteca, allí estaban todos los desgraciados enemigos tuyos: tus compañeros de trabajo, tus antiguos novios y una que otra persona que te odiaba de gratis, cuando llegaste, te vieron con sus caras de reprobación, sentiste tensión, luego te relajaste, te entretenías con la decoración llamativa del lugar, inspirada en motivos egipcios, Cleopatras, esfinges, imitaciones de jeroglíficos poblaban las paredes, muy bien ubicado sestaban los escarabajos, serpientes y escorpiones, no sabes cómo ni por qué pero dominabas el lugar y todos te pedían perdonarles la vida, tú los condenabas a tu antojo mientras festejabas con euforia, aunque al mismo tiempo las personas morían, por eso algo te dio la sensación de que el lugar estaba maldito pero esto no importaba porque, solo se derrumbaban aquellos que de un modo u otro te habían hecho daño. Apoyada de la barra tomabas vodka con cramberrie mientras te sentías triunfal, no pudiste continuar porque el despertador te trajo de golpe y sin permiso a la imponente realidad.

         Prosigues tu camino, los metros que te faltan por recorrer, has salido de la calle dañada y mientras andas por la acera imaginas los dioses antiguos, esas divinidades con carácter tangible que eran capaces de matar con su ira, que cobraban deudas y aprobaban la venganza, permitían el flujo de las energías más negativas, quisieras que Dios te perdone cuando te quejas de tu maldita suerte, de la pobreza, del tiempo perdido, el dinero que no llega y la gente que solo sirve para llevar tu “malditísima” vida cómo te sentirías comprendida por una de esas religiones.Avanzas, musitas tu retahíla cada vez más distraída, llegas a la autopista cuyo tránsito es implacable, en ese tramo donde vas a cruzar, los vehículos cobran velocidad, aprovechan la luz verde de un semáforo puesto en ese cruce por todos los accidentes que allí ocurrieron, esa luz cambia tan de prisa que nadie quiere reducir su marcha, todos aceleran en su afán de pasar y tú llegas a la acera, te lanzas de ella con tu mente absorta en todo lo maldito que pueda existir, mientras desciendes una voz interior intenta vanamente traerte a la realidad:  “Yselsa”, te llama y es cuando vuelves, escuchas el frenazo tardío, las ruedas chirriando sin detenerse y la turbación que no te permite esquivar el choque, un contundente golpe en la cadera te estrella en el suelo.

        Ahora, en el pavimento, no te atreves a moverte, lo último que has comprobado con horror es que tu pierna ha girado en un ángulo imposible de hacer en condiciones normales, no sabes explicar tu dolor ni precisarlo pero sufres mucho, todo te lastima, estás mal herida, tu cuerpo se ha resentido,  has querido tanto evitar ese momento al querer faltar al trabajo, lloras por el dolor y escuchas a tu alrededor un tumulto de voces y bocinas,el rumor de carros encendidos, ves un círculo de rostros curiosos, inútiles y necios que se han aglomerado allí: “¿Qué esperan para largarse? ¿Acaso no piensan llamar una maldita ambulancia?” Todo esto lo piensas mientras los demás te ven llorar por la pierna que maldijiste y ves en tan mal estado. Un hueso se ha zafado del muslo astillándose y te ha hecho una herida desde dentro asomándose por tu piel que sangra, cada vez que te miras  sientes que agonizas.

         Un joven se abre paso entre la multitud y se acerca a ti, trémulo, sudoroso y tartamudo, inclina sobre ti su rostro compasivo, extremadamente preocupado acaricia con pena tu cara, desea que te alivies, te reflejas en sus ojos verdes, te sosiega el brillo sereno de su mirada, haces un inútil esfuerzo por levantarte, te cuelgas de su cuello y rozas tus labios con los suyos mientras él retrocede perplejo e incómodo, vuelves a gritar porque al zafarse de ti te ha lastimado.

         Llegan los paramédicos y él está contigo, los ayuda, se seca el sudor, camina  sin dirección, se acerca a ti, te acompaña y tú sientes que le gustas, sabes que él es el hombre que te chocó pero si esta es la forma en que has de conocer al hombre de tu vida, bienvenida sea. Emulas una voz picaresca y sensual para decirle “Maldito sea el carro que me chocó” con esto quieres disculparle pero él no te comprende y prefiere no responder.

         Transcurre el día entre médicos, de estar con tu preocupada y aturdida familia, has tenido suerte a pesar de todo, ibas a quedar paralítica, no te diré qué ángel te protege de tu propia soberbia, quedarás a partir de hoy con un pie sobre la tierra, muy bien plantado para sostenerte, el otro se quedará mientras vivas dos pulgadas por encima del suelo, así cojearás.  El hombre de los ojos verdes que tanto te gustó tiene novia, está comprometido y enamorado, sólo está contigo en su afán de que no lo demandes, así que no te ilusiones y acostúmbrate a tolerar el efecto de tus propias palabras, a que la fortuna te dé siempre la espalda, lo has pedido miles de veces: vivir por ti misma, maldita.

LUIS CÓRDOVA

No Le Temas A La Noche:

La noche tiene secretos que, a veces, sólo nuestros cuerpos pueden descifrar. La noche será siempre un misterioso y virginal espacio, un cielo abierto como revés de la luna, que sólo podemos definir con mentiras.

De esta historia quizás sea ella, la noche, la única protagonista, pero protagonista no será sinónimo de la manía romántica de encontrar una superioridad en la que se encarne la historia, hasta lograr que el final se subordine a ella. No. Aquí la noche, en calidad de protagonista, podrá tener la misma importancia que la mar, los rieles, los antiguos barcos o quizás se parezca la noche a Claudio y a Fabián. Su justificación como protagonista es que sólo ella ha podido mantener la virginidad de su misterio.

Cada palabra contiene un arcano. Cada palabra nos acerca a un destino que nos contiene y, en los escarceos de su juego, nos obligará a ser como dados que giran por toda la mesa sin antes chocar con otras piezas, donde todo encontrará la lujuria precisa que nos apartará de la realidad.

Noche. Oscuridad. Penumbras. Son palabras inútiles que no alcanzan la magia suficiente para definir, entonces sinceramente, los avatares de un corazón asustado. Pero nuestras vidas irán recogiendo temores para buscar la necesaria palabra que defina nuestras verdades. Desde niños vamos buscando lo desconocido, lo que se nos niega. El mundo por descubrir sólo lo limitará a un miedo más grande que la voluntad de encontrar las respuestas.

Muy entrada mi infancia descubrí que le temía a la oscuridad. Pero no a la oscuridad de una habitación sin luz.Descubrí que mi temor era a una soledad mayor, que se siente cuando las luces se empeñan en cegarnos, una oscuridad que arropa los cuerpos y los somete a su color, esa que se envuelve con la noche. Nada se le escapará a ella. De súbito sentía cómo se apoderaba de nuestras sonrisas, nos pesaba ver la despedida amarilla de un día; un sol herido por el naranja que ya no molestaba en lo sojos, vencido por una coloración tan extraña que parecía tierna. La mar se tragaba la última redondez del amarillo del sol. Ahora la noche, esa tuerta terrible, colgaría su único ojo color plata en el último de los confines de su negritud.

Pero cada edad trae consigo su miedo, su pena. Lo que antes me parecía tan temido es ahora un recuerdo sencillo y nostálgico. Estas edades mayores nos enseñan a conjuran falsedades. Sólo la niñez nos hará entender el miedo mayúsculo, que viviremos una vez. Claudio y Fabián encontraron la salida del laberinto de los miedos, intentaron la verdad.

…pero cuándo es que estos muchachos van a ser hombre… tan grandes y tan pendejos…

Fabián era el mayor y tenia siete años. Claudio era casi de igual tamaño que su hermano, e igual eran de flacos y de morenos. Siete y seis años esperando que la marea trajera buenos peces, para poder llegar a la escuela. Siete y seis años esperando que nada sucediera,esperando desesperarse; esperando hasta ser hombres, tan brutales como su padre. Su padre sólo se preocupaba de que sus hijos echaran buenos músculos, porque según él era ya tiempo de que aprendieran el oficio, que supieran cuánto se sufre en las yolas que pierden sus colores en las olas que las agitan, que aprendieran a sufrir, igual que él, el mal pago de la pesca.

Ayudarse. Eso era lo que decía su madre,embarazada, esperando que sus dos muchachos crecieran para que se fueran mar adentro con su padre a oscurecer sus pechos, a desafiar las muertes que sufre un solo hombre.

…¡vengan!, tráiganme la rede…

Ya era tiempo de que nada sucediera. A Fabián y a Claudio les sorprendía ver el claro del mar, las yolas sin un color definido, pintadas con la misma amargura con la que estaban pintadas sus casas.

… y los hijo tuyo van a la peca hoy…

Para Fabián, ir al mar no le importaba en lo absoluto, para él lanzarse en una yola era un oficio que algún día tendría que terminar. Mira Claudio, algún día se acabaran los peces, entonces de qué vamos a vivir. Nadie más que Claudio entendía a Fabián, a pesar de que sus edades no les permitían comprender que los hombres a veces prefieren muertes precisas y conocidas que apostarle a un fin provisto por el azar.

… no, estos pajaritos le tienen mieo al mai… que se queden friendo pecado con su mamá, talve dan pa algo…

Entonces Fabián se sentaba en la playa, clavaba sus pequeños y huesudos dedos en la arena y empezaba uno de sus dibujos. A Claudio era a quien más le dolía la risa de su padre, la risa burlona con que despreciaba en las mañanas, esa misma que venía a las cuatro de la tarde a mortificar de nuevo. Por eso Claudio prefería no ir la playa. Si lo hiciese no tardaría mucho en devolverse a la casa a desayunarse con los restos dejados por su padre. Por eso su madre le decía que no podían tardar demasiado en aprender a pescar. Mira que yo sólo como de lo que vendo, no alcanza para los plátanos y el aceite… Dios mío hasta cuándo… A Claudio le dolía mucho ver a su madre sufrir de hambre, cansada del pescado, cansada de que sus hijos la vieran cansada de sufrir. Pero tenían que aprender a perder el miedo, luego tenían que aprender a trabajar, a echar músculos, a que las redes les cortaran las manos, a que los callos fueran las medallas de sus logros. Debían aprender a soportar las burlas, a soportar el hambre sobre una yola que los arrastraría cada día más hacia la miseria.

Debían ayudar en la casa. Los viajes de noche, las olas en las noches y el frío de la noche, les causaban temor. Un día salieron juntos a caminar por el poblado, la noche les sorprendió jugando a las escondidas. Pero los otros niños, siempre prestos a burlarlos, les decían cobardes y los dejaban solos esperando ser sorprendidos por el que les tocaba descubrirlos. Cuando se cansaron de estar de cuclillas esperando ser descubiertos, decidieron salir. Se abrazaron, se encontraron solos en la oscuridad de la noche. Desde entonces no volvieron a jugar.

…que bueno maricones tiene uno, ahora le tienen miedo a lo ocuro, pero eso sí, coño…

Los niños comenzaron a burlarse de ellos y ellos, aun sin orgullo, poco les importaban esos relajos de muchachos, porque a sus siete y seis años, tenían miedos mayores qué resolver.

Claudio ya es tiempo de demostrarle a papá y a mamá que no somos cobardes. Fabián le repetía con más miedo que orgullo la importancia de su plan. Pero Fabián, podemos esperar a ir con papá a pescar de noche y así es mejor. Claudio prefería esperar, mientras más lejana estaba la fecha de enfrentarse a la oscuridad del mar era mejor. Debemos hacerlo ahora, ahora es el tiempo, Claudio, se van a sentir orgullosos de nosotros, van acreer que lo que dicen los muchachos son mentiras.

Esa noche, esa misma noche se atreverían a vencer los temores. Irían hasta los rieles, antiguo puerto de Sánchez. Dos muros enormes perdidos en la mar. Naciendo a cada instante de las arenas, naciendo desde el fondo del mar desde hace años. Subidos en ellos, Claudio y Fabián caminaban hacia sus miedos. Dos simples cuerpos rompiendo los secretos de la noche. La noche y el mar lamiendo los muros, lamiendo la brevedad de dos vidas suspendidas en líneas paralelas hacia la muerte.

Nueva vez se precisaba un abrazo para burlar el miedo. Pero no. Cada cual en un riel diferente, cada cual con su muro elegido para el misterio. Claudio. Sus voces se acercaban a un último eco. Fabián. Ya no pudieron intentar la huida. Desde lejos nadie los vio. Temblaron sus piernas en la estrechez del cemento cruel y despiadado.  Se fueron uno detrás del otro, sus cuerpos vencidos por el miedo, por la insensatez de encontrarse lejos y cerca de la salvación y sin embargo preferir, por culpa de otros, quedar desnudos y sin miedo.

Quedar sin esa magia que nos envuelve en la muerte, y en su enigma se descifra el poema de una vida breve que sólo el mar nos podrá cantar. Por eso, cuando la marea sube de noche, hay gente que asegura que es el mar que, arrepentido, quiere devolver a los que nunca s eatrevieron a contar los secretos de su magia nocturnal.

SANDY VALERIO

Aniversario

         La ejecución de un hecho trascendental, sea éste positivo o negativo, marca al individuo para toda la vida. Es motivo de recordación el aniversario del acontecimiento. Y hoy es otro aniversario más para ti. Llevas 33 años celebrándolo. Se matará uno de tus mejores novillos. La bebida es de la mejor. Whisky, cerveza y ron para tus empleados. Sí… siempre te has mostrado magnánimo con éstos. De ahí que te sean tan fieles. Nadie osaría decir algo malo de ti delante de ellos. Su condición servil y dependiente de un amo los hace vulnerable. Por eso es que nunca han preguntado el motivo de la celebración, aún sin saberlo. Aunque los más viejos han comentado entre los dientes que coincide con el día en que desapareció Antonio Pérez: tu enemigo. El ex novio de tu esposa y madre de tus hijos, ahora. Por ella fue que articulaste tanta intriga, tanta mentira. Lo hiciste caer en desgracia con el jefe. Sí… Con él. Sabía que después vendría la catástrofe para Antonio. Y así fue. A éste por ser un hacendado muy próspero lo habían invitado a una fiesta con el jefe. Pero la salud no le permitió asistir. Ésta fue la gota que llenó la copa. La confirmación de todo lo que tú habías dicho: que no tenía el carnet del Partido Dominicano, que no tenía el nombre del jefe en la puerta de su casa, que el jefe no sabía gobernar, que nunca iría a una actividad con el jefe. Todo esto era cierto, Antonio estaba convencido de la maldad del jefe,pero nunca lo había comentado con nadie. No le interesaba la política. Solamente su finca, trabajarle y ponerla a producir. Esto era lo que te molestaba, además de que estaba prometido a la mujer más linda del pueblo. La que no se te podía salir de la cabeza. La que amabas en silencio por el respeto que le tenías a Antonio. Al día siguiente de la fiesta, Alisinio Peña Rivera, el jefe del SIM, en Santiago, te mandó a buscar. Te interrogó. Le confirmaste todos los rumores e inclusive que tú habías estado hablando con él la tarde antes de la fiesta y te había dicho que no iría a esa maldita fiesta. Alisinio te felicitó por la lealtad con el jefe y te prometió que sería muy bien recompensado. Que el jefe siempre compensa a sus amigos. Saliste eufórico de la oficina de Alisinio, pues, viste que éste empezó a hacer el informe de una vez ya que Antonio era un peje grande. Un campesino rico mal agradecido. A la semana de tu entrevista con Alisinio, desapareció Antonio. Nunca más se supo de él. Algunos comentaban entre los dientes que fue por no ir a la fiesta del jefe que Antonio cayó en desgracia. No podías creerlo. El jefe es lo más grande que ha pasado por este país, te decía. Pero la desaparición de Antonio no era nada, lo mejor te llegó a los dos meses. Su finca. El jefe te la regaló en agradecimiento. Como te lo había dicho Alisinio, que el jefe premiaba la lealtad. Y ahora, mírate. Gracias a Antonio eres rico y tienes a la mujer que amas. ¡Cómo no celebrar el aniversario de su desaparición!

UBALDO ROSARIO TAVERAS

ESTE MUERTO ES MÍO

         Frente al cadáver de Niñomán el padre llorando trató de abrazar el ataúd decorado con cuatro candelabros. Pensaba que las cosas no son como parecen ser mientras se sujetaba a la realidad de que ése es su hijo y que no duerme, sino que yace muerto. No se escuchaba la marcha luctuosa sino los rumores como si fueran estos los acordes de una canción fúnebre. El cadáver embalsamado y vestido de gala le daba la apariencia de otra persona, pues Niñomán en vida no había vestido así. En la pequeña sala los hombres y las mujeres al ver al padre contemplar a su hijo lloraban con facilidad acompañados de los llantos y sollozos de los parientes que respiraban y movían sus cuerpos al mismo compás.

         El hombre acarició  la mejilla  de Niñomán e inmediatamente recordó la primera vez que lo tocó. Tenía un día de nacido. La madre orgullosa recibía regalos y flores de extraños anónimos mientras su marido preocupado se preguntaba cómo iba pagar los gastos del parto.

         Elevó el rostro solo por un instante y más allá de su razonamiento, donde se encontraba la ira, se llenó  de heroísmo imaginativo y asesinó uno por uno a cada uno de los homicidas. El llanto aumentó y doblegó su rostro hacia el cuerpo tratando de mantener la calma buscando alguna manera de resucitación y cabizbajo se sintió impotente de hacerlo que había soñado en esos segundos de rabias y terminó asustándose como aquella vez cuando desempleado su vecina menor de edad le informaba que estaba embarazada. No halló qué hacer, a excepción de dividir la sala de la casa con cartón piedra  e improvisar una habitación.

         Cabizbaj oocultaba el cadáver con su cabeza convirtiéndose el episodio principal del velatorio, mientras otros menos insignificantes sucesos transcurrían manteniendo la postura que de vez en cuando era interrumpida por un grito o un desmayo de la madre que reclamaba que le devolvieran a su hijo.  En el padre transcurrieron sensaciones de impotencia que de alguna forma había experimentado como cuando no tenía un centavo y salía a vender un artefacto o a empeñar lo ajeno para terminar discutiendo con los parientes. Recordó las noches cuando recorrió las calles del centro de la ciudad para atracar. Frustrado el plan por la cobardía, descubría que un dadivoso le había regalado dinero a la esposa.

         Así, precariamente, y poco a poco entre milagros, vio crecer a su hijo hasta convertirse en un adolescente, hasta aquel día después que había financiado la matrícula de su Honda 70 para comprar útiles escolares, escuchó la noticia de que a Niñomán lo habían matado sus amigos.

         El llanto aumentó cuando se escuchó que era la hora del entierro. La tristeza estaba de fiesta de tanto llantos y lloriqueos. Los rezos habían terminado y las mujeres con sus rosarios le habían dado su último adiós, alabando a la Santísima Virgen María.

         Mientras el padre no dejaba de contemplar a su único hijo, los vecinos y unos que otros deudos espantados corrían ahuyentado por los gritos de asombro. Un jovenzuelo se había desmontado de una jeepeta.  Creyeron que Niñomán había resucitado. Tenía la tez clara, los ojos cafés y el cuerpo erguido como un atleta de fútbol americano, en fin se podía afirman que los clones existían.El difunto y el recién llegado parecían que compartían las mismas moléculas. Que los dos habían entrado en un proceso de gemelación pero con madres diferentes. Eran dos seres  genéticamente idénticos. La única diferencia eran sus estatus. El recién llegado, de verlo se notaba que era rico, en cambio Niñomán de lejos se le reflejaba la pobreza.

         La madre de la víctima se ocultó entre su vergüenza  cuando contempló detrás del jovenzuelo al hombre que lo escoltaba. Era el padre del recién llegado. El hombre se dirigió hacia el difunto y el esposo se irguió alejándose un poco del ataúd al mirar detenidamente a los visitantes y miró a su esposa anonado.

         – Quiero ver a mi José Manuel – dijo el recién llegado.

         – No te acerques pendejo –añudado por la rabia y el enojo expresó el deudo – este muerto es mío.- Así lo decía sin dejar de mirarle a los ojos.

         Los hombres quedaron solo scara a cara, sólo el silencio los separaba. Entonces el hombre con los ojos hinchados de tantos sollozos, supuso que éste era uno de los extraños anónimos que en los momentos difíciles  hacían llegar sus dádivas, que de alguna forma él creyó que eran parecidas a los milagros.

         La madre del difunto se llevó a otro lugar de la casa la visita, pero su marido quedó azorado contemplando el lujoso ataúd. Dedujo la astucia de su mujer.  Sacó el cadáver del féretro para luego dejarlo caer junto a las cuatros columnas de cera. En voz alta gritó: Este muerto es mío. Así lo repitió mientras trasladaba el cuerpo de Niñomán en una de las guaguas que se dirigían al cementerio.

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