Cuentos y poemas de Manuel Rueda:

CONOCIMIENTO DE ESTATUA:
Elegía

A Franklin Mieses Burgos

“A la orilla del aire tú destruyes los pájaros”
                          Franklin Mieses Burgos

Hoy eres nada más que una forma
sollozando en los brazos de las cosas perdidas.

Hoy creo que eres sólo un contorno sangrante
sin una línea pura donde el cielo se caiga
a soñar el corneta liviano de tus lágrimas
y a darle aire a los pájaros ingenuos de tu canto.
Huérfana eres de una línea, cárcel para tu alma,
ahora sola sobre los caballos del Tiempo,
ahora fría en un sitio en que ni siquiera es fría,
donde ni tampoco es un témpano azul de madrugada
por falta de una mirada tuya que la recuerde.

¿Qué perforación del alba es, mujer, tu beso?
¿Qué mueca de esqueleto sin sombra tu sonrisa?
Ahora vives en el alfabeto de las cosas inútiles,
en la quietud de una sangre no cuajada de pena sobre las miserias,
en el fondo de una vena donde no se acuesta siquiera ni la muerte.

Eres un ataúd de soles humillados
en los cuales no cabe ni el resplandor oblicuo de lo que agoniza.
Qué guitarras toca la vida sobre tus ojos
y en qué momento ellos tocan sobre mi corazón, perdidos?
En qué marco de venas trémulas se encienden tus deseos
y en qué lugar de mi cuerpo se me someten ellos?
En qué orillas de luto tu silencio se degüella
para encender de voces esta lumbre desierta?
En qué deshielo pacífico tus entrañas últimas gotean?

Hoy eres una forma que no va herida de músicas.
Un ser que dejó de mirar la rosa como mano
para también dejar de verla como a rosa,
porque si no existen tus cosas más allá de su espacio,
más allá de su esencia de límites y tactos permanentes,
tampoco puedes amarlas en su misma presencia.
El árbol que ha dejado de ser ángel,
un ángel verde encima de todos los misterios,
ya ni siquiera encuentra tus ojos preparados
para la evidente armonía de su otro crecimiento.

Crecer ya significa encontrar otra forma,
reconocer preguntas donde el llanto se acaba.
Qué amplitud tiene el lenguaje de tu carne por el árido limbo de sus goces?
Un día llegará en que una línea crezca hasta ser planeta,
en un día aprenderemos qué número de estrellas han regado los árboles.

Hoy eres un espacio pleno de un solo sexo,
una nada que no quiere poblarse de semillas,
un gran vacío abierto que no se ha fecundado.
Piérdete en el goce andrógino de las substancias
y aprende como lo eterno a ser hembra y macho al mismo tiempo.
Ah, mujer, cuando tu alma se engendre en otro mundo libertado!

Entonces madurará mi amor.
Entonces seremos dos gotas parejas
en donde dormirán los crepúsculos perdiendo su horizonte.
Los planetas bajarán a beber a nuestro pecho
y sabremos por qué el mar entero puede cabernos dentro de una mirada.
Dios se va a entretener creándonos misterios para, que los descifremos.
Entonces, mujer, será cuando desembocaremos en el mismo Infinito.
Entonces será cuando vendrá el Tiempo, como un perro, a tenderse a nuestro lado.

Ay, amiga, si pudieras respirar más allá del aire.
Si pudieras soñar más allá del sueño
y más allá del sueño aún volver a despertar.
Si pudieras aprender a vivir más allá de la vida.
Ay si pudieras aprender a morir más allá de la tierra.

Hoy eres algo triste y entre sus sombras tapado.
Quiero descubrir tu rostro y está oscura la piedra.
Quiero saber tus voces y está vacío el eco.
De tu estatura el cielo no tiene ya memoria
y ni la tierra, en una cicatriz, ha guardado tu huella.
Quiero indagar sobre tu alma, hoy,
pero hace mucho tiempo que no se alimentan de ella los pájaros.

En qué lugar de mí existías entonces?
Qué lugar de mi amor te hacía saludable?
Qué hora marcaban las pestañas sobre mis pupilas
cuando el minuto de tu soledad me encegueció?
Cuál fue esa hora redonda como una luna de silencios
colgando en pesadez sobre mis párpados?
Mi mano puso un cálido enigma entre tu carne
y tu estatua siguió siendo de más barro que sangre.
Ya no queda ni el hueco de tu presencia en mi aire,
ni el tamaño de tu boca sobre mis palabras,
ni la obsesión de un color tuyo, náufrago en mis sueños.

Presumo que eres un agujero lleno de espumas blancas.
Adivino que eres un vacío en el vacío sin término de los olvidos.


SALVADOR DE LA NIEVE:

(Letanías)

I

Habías de venir por esa puerta de pequeñez terrestre
como la luz de mano de la estrella,
como el silencio al simple respirar de la nieve
donde buscan y reconocen ángeles y corderos.

Habías de venir. Era la nieve
el pañal, el sudario, el manto santo,
la vida que tú dabas a tu cuerpo,
a nosotros, sumidos en la nieve.

Borrados los caminos, hay que hacerlos.
Ensordecido el canto, hay que cantarlo
desgranando las bocas
que muerden sólo sílabas de nieve.

Sepultado este cuerpo en ataduras
de lenta muerte y nieve,
hay que llamarlo así, desde la anchura de los cielos
con tu voz, niño puro, resucitado de la nieve.

II

Casi te olvida el cielo. Cielo sólo a la espera de la nieve
que ahora cae como estrella persuadida
inclinando su brillo en el umbral,
perseverando ante la orla azul dorada de la veste,
del corazón de María,
de la nieve María que se enciende,
que aguarda entre el dormido heno
junto a la entraña dulcemente sofocada.

Nieve que aguarda nieve.
Nieve que se arrodilla, custodiada
por soledades de ángeles y bestias,
por soledad de tu padre de la tierra.

Todo el cielo cerrado, abierto sólo a nieve.
Cielo que ahora esplende, vuelca la trompa azul de la aleluya,
mensajero mayor y noticioso.

Enterrada tu casa está en la nieve
y María comienza a llorar nieve,
a reír, a acunar nieve
entre brazos alzados por la gracia.

III

La nieve es un nacer y tú lo usas
para venir al fin a conquistarnos.

Sentada en escabeles tu madre hilaba nieve.
De su vientre y costado caía la nieve al mundo.
El mundo era de nieve para que tú sólo fueras fuego.
La nieve de María al mundo de María.
La nieve consentida por el esposo manso.
Paz de José y María, del niño que mira caer nieve,
niño en la gran niñez perdido
y hallado por la nieve.

IV

Cúbrenos las vergüenzas si no estamos perdidos en la nieve.
Cúbrenoslas con los linos de frescor de tu recién hilada nieve.
Oh niño que nos salva sólo en la promesa de niñez, niñez de nieve.
Al mundo anciano salva con ser niño y estar en un regazo
donde aletea el rezo de la nieve.

Oh niño de María, enfloradora y cortadora de la nieve:
Niño que vienes desde lejos
a entonar estas puertas
marcándolas con nieve,
nieve eterna en donde te desperezas
tú, fuego rodeado por la nieve.


Círculo de los sueños:

Esa noche tuvo una extraña pesadilla. Sueña que se encuentra en una casa vacía y silenciosa velando a su hijo asesinado. Oye un retumbar de golpes contra el portón y tres soldados irrumpen en la estancia. Cada uno le apunta con un fusil. Se deja llevar al exterior sin pronunciar palabra. El aire de la noche le azota el rostro. En la oscuridad puede percibir el resplandor de las estrellas sobre el perfil siniestro de algunos árboles. De pronto le gritan algo y se detiene. Lo colocan contra un grueso tronco de anacahuita. Sabe que también a él le ha tocado el turno de morir. Siente el rastrillar de las armas y cierra los ojos en espera de la descarga, que al fin se produce. Entonces despierta y mira lleno de asombro a su alrededor. Se encuentra en una casa vacía y silenciosa velando a su hijo asesinado. Oye un retumbar de golpes contra el portón…


La Noche:

Es la noche, oscura como el antifaz de los asesinos. Muy cerca se oye un grito de terror, luego, un disparo que lo silencia. Ninguna de nuestras ventanas se ha abierto; todos temblamos en el interior, absteniéndonos de ser testigos de un hecho que más tarde podría comprometernos. Un automóvil arranca y se pierde a lo lejos con su carga de muerte. En la esquina alguien agoniza en medio de un gran charco de sangre. A su alrededor un vecindario de culpables trata en vano de conciliar el sueño.

 

manuel rueda

Manuel Rueda nació el 27 de agosto del 1921 en Montecristi y murió el 20 de diciembre de 1999 en Santo Domingo, República Dominicana. Poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y músico. Fundador del movimiento poético experimental llamado Pluralismo, a principios de la década del 70 del siglo XX. Entre sus libros se encuentran: “Las Noches”, poesía, 1953; “La Trinitaria Blanca”, drama, 1957; “Por los mares de la dama”, poesía, 1976; “El Rey Clinejas”, drama, 1979; “Papeles de Sara y otros relatos”, cuentos, 1985; “Retablo de la pasión y muerte de Juana la Loca”, drama, 1996, premio de teatro Tirso de Molina, España; “Bienvenida y la noche”, novela, 1995; “Las metamorfosis de Makandal”, poesía, 1998.

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