Franklin Mieses Burgos: poemas y biografía

ESTA CANCIÓN ESTABA TIRADA POR EL SUELO

Esta canción estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
la hallaron unos hombres que luego me la dieron
porque tuvieron miedo de aprender a cantarla.

Yo entonces ignoraba que también las canciones,
como las hojas muertas caían de los árboles;
no sabía que la luna se enredaba en las ramas
náufragas que sueñan bajo el cristal del agua,
ni que comían los peces pedacitos de estrellas
en el silencio de las noches claras.

Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
que eran todas posibles en la tierra del viento,
en donde la leyenda no es una hierba mala
crecida en sus riberas, sino un árbol de voces
con las cuales dialogan las sombras y las piedras.

Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
cuando aún no era mía
esta canción que estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
pero ahora ya sé de las formas distintas
que preceden al ojo de la carne que mira,
y hasta puedo decir por qué caen de rodillas,
en las ojeras largas que circundan la noche,
las diluidas sombras de los pájaros.

 

CANCIÓN DE LA AMADA SIN PRESENCIA (Antigénesis)                                                                                                             

Antes de que tu voz fuera color de trino
y tus ojos dos sombras salobres como algas;
cuando aún tu sonrisa no era un camino abierto
para encender al alba, sino una melodía
en un país remoto de la tarde;
entonces, -¿lo recuerdas? -,
todos éramos uno en la unidad de Dios,
y mi aliento de vida era tu mismo aliento,
porque tú eras yo.

¡Oh indescifrable enigma de la rosa y el viento:
yo me amaba en ti misma!
Todavía el ocaso no era un pájaro muerto
colgado entre dos ramas,
ni se dolía la noche
en la angustia pequeña de los nardos,
ni el cielo era de trapo,
ni el mar una hoja verde sin sirenas.

Acaso todavía los lirios no eran lirios,
ni estrella, las estrellas;
ni el sol una sonrisa de claridades altas
nacida entre dos astros; todavía, te digo,
que nada tenía forma resuelta entre las cosas;
el aire no era aire, sino una mariposa:
sólo una mariposa con las alas tendidas.

Qué dolor el de no verte desfilando
como vi el perfil sonámbulo de un ala
entre los mansos árboles sin luna,
ni flotando en la noche única y sola,
como un ave perdida entre la bruma.

Sin embargo los dos íbamos juntos
sin que tu sombra
gritara por el frío de la palabra “nunca”
su agonía; sin que ninguna pena,
por el silencio mismo en que morías,
espigara una rosa de ternura
como vivo recuerdo de un alma que se iba.

Qué dolor el de no verte
entre estas muchas cosas que no eran:
las montañas, los nidos, las ranas y los peces,
la luna grande
mojada de canciones,
la tierra azul y la mañana verde.

Qué dolor el de no verte;
porque este era el instante
único y preciso de las nominaciones:
ya el viento sería viento; la violeta, violeta.

La mano de lo arcano ponía su etiqueta
sobre todas las cosas; ya íbamos a ser:
mujer, estrella o rosa.

Pero tú fuiste un atardecer.
¡Sólo un atardecer!

Y yo, poeta.

PRIMERA EVASIÓN

Lo redondo es un ángel caído en el vacío
de su propio universo,
donde la oscura voz de su verdad resuena
llena de eternidad cerrada y de infinito.

Lo redondo es un río que sale y que torna
de nuevo hacia sí mismo, hacia la hueca nada
donde su ser gravita.

Por su forma la lengua de Dios está explicando
su gracia preferida,
la imagen con que muestra la sombra de su rostro
desnuda sobre el mundo.

-¿No es su ley la que esculpe la manzana del orbe,
el anillo que muerde el pedestal del árbol,
la cabeza del hombre?

Lo redondo es un ángel cautivo que no sueña,
que no se translimita de su cerrado cielo;
un ángel prisionero
que está sujeto a Dios como un objeto más
de amor entre sus dedos.

franklin

Franklin Mieses Burgos nació el 4 de diciembre del año 1907 en Santo Domingo, República Dominicana. Su poesía se caracteriza por una intensa instrospección, por un intenso lirismo y porque contiene una serie de temas filosóficos, de carácter más bien místicos y existenciales, unidos a la perfección técnica. Perteneció a la “Poesía Sorprendida”, movimiento poético con influencias surrealistas. Debido a la lectura autodidacta de los clásicos y de poetas decimonónicos, sobre todo modernistas, siempre se preocupó por la rigurosidad técnica y la perfección del lenguaje. Es notable el ritmo musical de su poesía. Entre sus libros se encuentran: “Sin mundo ya y herido por el cielo” (1944), “Clima de Eternidad” (1944), “Trópico Íntimo” (1946), “Seis cantos para una sola muerte” (1948), entre otros. Murió en la ciudad de Santo Domingo el 11 de diciembre de 1976.

 

 

 

 

 

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